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miércoles, 24 de abril de 2013

LA SENTENCIA DEL AFORISMO FILOSÓFICO



"La lucidez no tiene la obligación imperiosa
de la variedad impulsiva: no salta de lo uno a lo otro,
sino que ahonda en lo que los demás pretenden olvidar."
Fernando Savater.


Según el diccionario enciclopédico Aforismo proviene del latín aphorismus y éste a su vez del griego, que sencillamente podríamos tomar como: del límite o en el límite. Es una forma de escritura, una sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte.

Hipócrates fue uno de los mayores artífices de "cápsulas" de sabiduría durante la Grecia clásica. El médico griego fue autor de varias sentencias que tenían como propósito inducir a la reflexión sobre el cuidado del cuerpo, así como la descripción del mismo, haciendo referencia a las dietas, las enfermedades intestinales, las enfermedades de la vejiga, aquellas que eran propias de las mujeres y hasta la relación de estas con el clima.

Dentro de un contexto histórico más cercano, sin duda E. M. Cioran fue el autor de los más celebres y agudos aforismos, quizás sólo superado por Nietzsche. En él, los aforismos cumplen una crítica hacia el modo de encarar la vida por parte del ser humano. Autor de una serie de libros, cuyos títulos fácilmente podrían influenciar al lector a encasillarlo como negativo o calificarlo de escritor de la pesadez. Se mencionan "Breviario de podredumbre", "La tentación de existir", "El aciago demiurgo", "Contra la Historia", "La caída del tiempo", "El inconveniente de haber nacido" y la síntesis "Adiós ala filosofía".

Reconocido por ser un "dudador profesional" tanto de la historia como del hombre, al rumano se le recuerda por ser un "filosofo de las conciencias". Para su traductora la poeta Esther Seligson, fue "un pensador que gritó en silencio y hablo sin palabras", por su parte Andrea Rivera menciona que Cioran "decía utilizar la escritura como remedio para curarse de una realidad de la que nadie podía salvarlo y, sí, lo llevaba a desentrañar la condición humana".

La historia del hombre es también la historia de su autodestrucción, quién pretenda negar eso se niega a sí mismo. Las cruzadas medievales, el colonialismo, los tribunales inquisitorios, el imperialismo, la primera y segunda guerra mundial, el holocausto, el gulag, el apartheid. Vietnam, Bosnia o Irak. Mucho más allá de una posición negativa, lo que se asume es una posición de reconocimiento de todo aquello que caracteriza al ser humano y más le da vergüenza mostrar. En Cioran existe un pensamiento filosófico que busca ese reconocer, no con el propósito de desmotivar o derrumbar, sino para repensar lo que se ha hecho. Ni un paso más sin saber el rumbo, pues es la ausencia de brújula en el accionar humano lo que ha traído tanta calamidad. Detenerse por un instante y sopesar.
La filosofía de Cioran no intenta redimir al hombre, expiar sus culpas.

Sus pensamientos no son una filosofía de la denuncia, ya que no se trata de señalar culpables, basta con asumir su parte. La crítica a la indiferencia y a ese intento por voltear la cara, por aparentar extrañes y mostrar desmemoria. De "Adiós a la filosofía" cito los siguientes aforismos del filósofo rumano:

Felicidad aterradora. Venas en las que se dilatan miles de planetas.
En todo profeta coexiste el gusto por el futuro y la aversión por la dicha. Concebir un pensamiento, un solo y único pensamiento, pero que hiciese pedazos el universo.
Ser de natural combativo, agresivo, intolerante, y no poder reclamarse de ningún dogma.
Lo que corresponde a quien se ha rebelado demasiado es no tener ya energía más que para la decepción.

Intente lo que intente, nunca será más que la manifestación de una decadencia, patente o camuflada. ( ... ) Mis dudas han llegado a algo, mis negaciones han tomado cuerpo. Vivo lo que antes creía vivir. Por fin me he encontrado un discípulo.

El pensamiento es destrucción en esencia. Más exactamente: en su principio. Se piensa, se comienza a pensar, para romper lazos, disociar afinidades, comprometer la armazón de lo -real-.
Sólo es subversivo el espíritu que pone en tela de juicio la obligación de existir; todos los otros, empezando por el anarquista, pactan con el orden establecido.

Ya se trate del individuo o de la humanidad en su conjunto, no se debe confundir avanzar y progresar, a menos de admitir que ir hacia la muerte sea un progreso.
Mis preferencias: la edad de las cavernas y el siglo de las luces. Pero no olvido que las grutas han desembocado en la Historia y los salones en la guillotina.
Osvaldo González Monroy. Sociólogo, UANL ojenian@hotmail.com

miércoles, 25 de julio de 2012

RETRATO ARTÍSTICO DEL FILÓSOFO


Pensar es una actividad individual, no creo que pueda ser concebida de otra manera. El filosofo vive pensando, sumergido en ese dialogo con sí mismo que, sin embargo, es un diálogo con todo . Esto lo recubre de un matiz muy especial: la soledad. Aquel que comienza a preguntarse por el sentido de todo cuanto hay, o el por qué de lo existente, está pisando un terreno en el cual ha de caminar solo, por parajes extraños que le provocarán los sentimientos más diversos.

Filosofar es encontrarse parado frente al abismo y no saber si saltar o ya se está cayendo; es estar por la noche frente a la nada para despertar en la mañana frente a todo. Entonces se confunden la muerte y la vida en una desesperada carrera que puede dirigirse en dos rumbos: encontrar quizás un sentido, por mínimo que sea, y morir en la paz de una respuesta; sí, morir, porque la filosofía muere cuando responde preguntas. O seguir una y otra vez frente a cada respuesta para cuestionarla hasta el infinito.

Pero el filosofo recorre ese mar oscuro únicamente de la mano de su cordura, de su olfato racional y de su cúmulo de creencias que más de una vez han de ser puestas bajo el manto hostil de la guillotina. No puede haber alguien que lo acompañe en ese viaje, a veces sin regreso. No hay manera de que otro viva la estación de sensaciones extremas ante la cual este actor de la representación de la razón vive.

Pareciera, entonces, que ser filósofo es ser artista, un ser lleno de bellas contradicciones que desembocan en una resolución final. Empero, el filósofo no absorbe el todo para sintetizarlo en sí mismo y gozar de ello lo cual caracteriza al artista; al contrario, él busca esa función con la totalidad, esa pasión impersonal que le dará la comprensión de lo que siempre ha estado escondido ante sus ojos: lo evidente.

Filosofar es disolver la esencia de “un yo” para expandirse por los vértices de la realidad, es universalizarse con lo que existe. Quizá es una muerte paulatina del individuo hermético que dá paso al renacer de la conciencia. Es entonces cuando la soledad y ese sendero desolado por el cuál el filósofo comenzó a andar se trona en una dimensión en donde él y la realidad se mezclan continuamente en un devenir de situaciones que transcurrirán entre la eternidad del tiempo y la fugacidad de la existencia, esa fugacidad que puede ser retada al buscar la trascendencia  en este mundo y no en el idealismo de una realidad suprema. El filósofo puede dejar su unión con el todo a través de las armas más potentes que el hombre ha creado para sí mismo: la pluma y el papel. En cada letra se eterniza esa comunicación con el mundo mismo y mientras exista otro ser dispuesto a indagar, recurrirá una y otra vez a esas notas que quizá nacieron ante la soledad de una noche de incansable búsqueda, entre la locura, el ser, el tiempo, la nada, el silencio y un individuo corriendo la tinta por el papel.

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Miriam Hernández Reyna (Facultad de Filosofía)
Periódico “Universo” (de la Universidad Veracruzana). 7 de octubre de 2002 No. 77 P. 16

martes, 10 de julio de 2012

MELANCOLÍA Y CONOCIMIENTO





“Sobre mi cráneo inclinado planta su bandera negra”
BAUDELAIRE

       Cuando la melancolía planta su bandera negra izándola hasta la cúspide de lo sublime, nos adentramos en una meditación sombría y conocemos más de cerca el mundo de las desilusiones junto con sus miserias, aunque no carentes de sentido; donde están aquellos y los otros, los que miran con una visión específica la realidad en toda su globalidad incesante que perciben una concepción personal del hombre y de la cultura. 

Donde los espíritus melancólicamente activos que se adentran en un doloroso abismo sin tiempo, cuando el extremo pesimismo invade su atmosfera de reflexión y se repliegan hacia el pensamiento que converge unidireccionalmente y no se desvía a los lados de los objetos efímeros carentes de interés. Un anhelo que intentan alcanzar en su propio ensimismamiento de soledad y de alejamiento auto impuesto por temor a las distracciones externas.

Pero en su fría meditación, se pregunta una y mil veces lo que en verdad quieren saber: ¿qué provoca las tristezas infinitas de grises matices, a todos los hombres que se aferran la efímera alegría; las desilusiones que regresan y se van una y varias veces; el tedio que nos invade en compañía de la desesperación; el desencanto del mundo, de las personas y de la realidad; el pesimismo que con sus talantes garras nos atrapan cuando queremos escapar para siempre; la depresión con su nube negra y la malograda melancolía absoluta? 

Incesantes sentimientos dentro del hombre que lo obligan hacia lo trágico de la vida; que, para el pensador, son entidades preocupantes de comprensión ontológica. Son en sí una metafísica de los sentimientos opositores a la verdadera alegría de la vida: una barrera,  un puente en medio del abismo que nos ocupa actualmente para poder traspasar la herida de nuestra caída o de nuestro descenso voluntario, cuando nos arrojamos a ese abismo demencial, que se anhela comprender a toda costa; mientras pisamos el fondo y nos enfrentamos a nuestro objeto de conocimiento e intensamente padecemos para entender y comprender la triste la melancolía que está aún más por debajo de ese primer abismo.

Y, otra vez, nos volvemos a arrojar doblando voluntariamente nuestras alas emplumadas de negra sabiduría, mientras miramos hacia un cielo de infinitud inalcanzable iluminado por un sol saturnino que se diluye tras el paso del tiempo y muere en una noche plutónica, esa que puebla nuestro pensamiento cuando somos iniciados en el conocimiento del desencanto, porque sabemos que en parte, este es el peor de los mundos posibles, donde el infierno son los otros.

Esa pesada melancolía que inclina el pensamiento hacia la meditación sombría, hacia la tristeza, la depresión y el sueño que ennegrece la visión del que se encuentra ensimismado y rodeado de ella como una nube abrazadora que amortaja la mente que tiende a levantarse por encima de uno mismo y sobre sí mismo hasta la adversidad. En ese camino que va transitando hacia el conocimiento, un conocimiento distante, alejado del convencionalismo cotidiano, de lo común, un conocimiento subterráneo, una percepción sublime del distante mundo que conocemos superficialmente  que, acuestas del pensamiento encorva nuestra espalda como un atlas oscuro que conoce una totalidad del mundo por que ha besado a la introspectiva hija de Saturno; musa de los pensadores oscuros, de los poetas del epitafio. Que buscan una epistemología de la tristeza, una gnoseología de la desilusión que lo eleven al desencanto del hombre y de las banalidades del mundo.

El adepto conoce la melancolía y no siempre se deslinda de ella, sino que le inspira y le dá fuerzas para conocer la realidad y la usa como una herramienta conceptual y metodológica. Aunque sabe que nunca conocerá la realidad última de todas las cosas porque ignora demasiado, porque anhelando no se harta de lo anhelado, ni de lo alcanzado aunque sienta angustia de lo que no puede conocer y, entonces, añora, otra vez; lo inalcanzado.

 El melancólico que está en el mundo busca ser en el mundo, pero desde otro ángulo, desde lo distinto saliéndose del monopolio de lo razonable padeciendo en el mundo viviendo, actuando en las calamidades que siempre sufre el hombre, conoce con su mente, con su cuerpo y su espíritu, porque los pesimistas saben que nada marcha bien en el mundo.

Con nuestro ojo-desmesurado hemos conocido la desilusión de la realidad y la verdad que nos aqueja como dice kierkegaard, refiriéndose a Job: “No hallaremos un escondite, en todo lo ancho del mundo, en donde no nos alcancen los problemas, además de no saber cuando la aflicción llegará a nuestras casas”… y el sabio Eclesiastés afirma como el conocimiento produce melancolía: “donde abunda la sabiduría, abundan las penas, y quien acumula ciencia, acumula el dolor” Sabemos que con el tiempo caerá al olvido nuestro nombre y seremos como si no hubiéramos sido y nuestra vida se disipará como niebla.

Cuando la melancolía llega a nuestra vida se aferra a nuestro pensamiento izando su bandera negra y aun así seguimos reflexionando con nuestro cráneo inclinado y como pensadores melancólicos conocemos la desesperación, las angustias y las tristezas; sin embargo, sabemos que son efímeras porque hemos atravesado cielos sombríos y aterradores antes de ver el sol resplandeciente, ése que brilla en la lejanía, en las afueras y en la tranquilidad de un mundo apacible…

sábado, 9 de junio de 2012

EL LABERINTO COMO UNA ANALOGÍA DE LA VIDA






Una entrada, un recorrido, un proceso, una búsqueda y una salida. El sendero de lo desconocido, cuando no conocemos la vereda podemos imaginar que la entrada en el mundo del laberinto es el nacimiento de una persona que inicialmente llega a lo desconocido donde todo le es nuevo, misterioso. El recorrido es la vida, sus experiencias, todo lo que hace  siente y dice; su aprendizaje junto con sus vivencias, anécdotas, alegrías, tristezas, logros triunfos, acontecimientos y circunstancias. La salida es la muerte de la persona. Lo importante es el recorrido que nos permite y nos conduce a la mejor de las salidas o a al vacío nihilista del centro donde no se encuentra nada o tal vez un pergamino en blanco. Un vacío por el cual luchamos, ese vacío de la nada en el cual creemos, pero ese vacío no es la recompensa, la recompensa es el mismo camino tortuoso, espinoso o placentero que nos ennoblece, que nos conduce a base de perdidas, de extravíos y caídas que nos convierten en otras personas. Es la aventura de nuestras vidas, nuestro recorrido, nuestro trayecto en el cual estamos y llegamos en un logro de plenitud ante el vacío del mundo.

La pregunta es ¿cómo hemos recorrido el laberinto, que sentido le hemos dado a nuestro itinerario dentro de él y la percepción que tuvimos de él, del gran laberinto que tiene inmersos otros laberintos dentro de sí mismo, pequeños laberintos por los que cruzamos y por los cuales, a veces nos perdemos para encontrarnos en un camino más excelente, lo cual, la propia perdida nos otorga y nos recompensa por medio del sufrimiento y del esfuerzo. Porque dentro del laberinto siempre se toman decisiones, al llegar frente a una encrucijada, en caminos bifurcados elegimos el que mejor nos parezca, pero lo elegimos con reflexión, con meditación con hipótesis, no solamente para saber que pasa, no solo para ver si el camino tiene salida o nos lleva a otro camino mejor, más recto, menos espinoso.

Con el nacimiento se entra al complejo mundo del laberinto, donde la apariencia y la realidad se confunden, donde hay falsas salidas, puertas cerradas, murallas ingentes, caminos tortuosos que llevan a la muerte, abismos y puentes destruidos, niebla, oscuridad, falsas esperanzas, peligros que simbolizan al Minotauro o al diablo. Cada persona juega el rol de Teseo, pero solo quien logra salir y matar al minotauro puede ser llamado por ese nombre, son los héroes anónimos que se han sujetado del hilo de Ariadna. Hay quienes construyen su propio laberinto y son encerrados en ellos como Dédalo. Hay quienes no comprenden la verdadera libertad y se precipitan al mar de la muerte imitando a Ícaro. Una complejidad de roles que se juegan dentro de los grandes muros dedálicos.

En el laberinto no solo se resuelven problemas o acertijos, también se vencen obstáculos emocionales y se vence uno mismo. En la vida cada quien extiende su propio laberinto donde se adentra y donde tal vez ya no se salga nunca, se entra al laberinto de la vida y al laberinto del mundo, del universo y de la realidad, un laberinto que en base a nuestras propias percepciones lo vemos inextricable o meramente sencillo para seguir en él circunnaufragando y retornando para siempre hacia el mismo centro…

lunes, 7 de noviembre de 2011

SOBRE LA UTILIDAD DE LA FILOSOFÍA



Siendo que la filosofía tiene un fin en sí misma, debemos preguntarnos si ¿sirve de medio para lograr un fin? ¿Es realmente útil? ¿Qué nos proporciona? ¿En qué nos ayuda en la vida? ¿Qué beneficios ha creado? ¿Qué trascendencia ha tenido en la humanidad?

Al dar respuestas a estas preguntas se podría dar un juicio crítico y analítico de lo que es y de su finalidad teleológica que ciertamente ha ayudado a la humanidad a entender la naturaleza de las cosas, de nuestra existencia en este mundo, de la vida, de los objetos culturales; de las épocas y problemas del hombre.

Al tener un conocimiento claro de la filosofía se podrá apreciar su esencial utilidad en los ámbitos que se ha introducido y en los temas de su incumbencia. Es importante aclarar la trascendencia que tiene la filosofía en sí misma, porque se piensa que es demasiado abstracta y que no sirve de mucho. (Según algunos)

Se decía que la filosofía era una cosa inútil. Sin embargo, primeramente fue Tales de Mileto quien se encargaría de demostrar lo contrario: “habiendo previsto, por observación de las estrellas, una buena cosecha de aceitunas, alquiló todas las prensas de Mileto, enriqueciéndose con ello y demostrando a la vez que la filosofía no era una cosa inútil”.

Demócrito descubrió el átomo y su único instrumento de verdad para ello fue su inteligencia; ya que él no tuvo acceso a los aparatos electrónicos de nuestra época. También podemos mencionar a Pitágoras el cual desarrolló un teorema que lleva su nombre, además de descubrir un tipo de entes: los números y las figuras geométricas, que no son corporales; pero que tienen realidad. Ecfanto llegó a afirmar la rotación de la tierra, Arquitas de Tarento inventó el cometa.

El estudio del lenguaje fue impulsado por los sofistas e hicieron una buena contribución al mismo. El principal servicio de Sócrates fue que estableció la inducción y las definiciones y su filosofía sirve de modelo para mejorar la conducta, ya que él fue el padre de la ética, además que nos enseña a creer en nosotros mismos “No contemporices con aquellas ideas que sientes ajenas o equivocadas”.

Platón inventó el concepto de la idea y el racionalismo (aunque Matthew  Stewart dice que no inventó el racionalismo, ni la brujería) en sus diálogos defiende la idea de la igualdad de sexos, Aristóteles fue el padre de la lógica, se le considera el fundador de la biología, también inventó el museo. A Licofrón se le atribuye la paternidad del anagrama.

Cabe mencionar a los filósofos místicos conocidos como alquimistas y que gracias a sus investigaciones sobre la naturaleza dieron origen a lo que hoy se conoce como la química moderna. Dentro del naturalismo renacentista Paracelso fue el mago más famoso y gracias a la magia de este periodo de tiempo, Telesio  y Galileo dieron el primer paso hacia el enfoque científico. Pascal inventó la primera calculadora (la pascalina) fue la primera máquina digital de calcular y era capaz de hacer sumas hasta de ocho dígitos por medio de ruedas dentadas. Leibniz también diseñó una máquina capaz de sumar, restar, multiplicar y dividir. Sin duda estos aparatos influyeron en el matemático y visionario de la cibernética Charles Babbage para construir su máquina analítica que constituyó un salto experimental en el camino de la cibernética.

El iniciador de la filosofía moderna fue Descarte y él inventó la geometría analítica y por lo mismo las coordenadas que se utilizan actualmente de las cuales se influenciaron para inventar el juego del submarino (Batalla naval); también se le considera el padre del mecanismo.

Emanuel Kant abogó por una confederación de los pueblos. En su escrito “A la paz eterna” mencionó que todos los países deberían unirse en una federación de los pueblos que se ocuparía de conseguir una pacífica coexistencia entre las distintas naciones. En 1795, se creó la llamada sociedad de naciones, tras la Primera Guerra Mundial. Al finalizar la segunda guerra mundial la Sociedad de Naciones fue sustituida por las Naciones Unidas. Se podría decir que Kant fue el iniciador de la ONU.

Podemos ver que algunos gobiernos recurren a filósofos para sopesar el alcance social o moral de todo tipo de medidas legislativas y también en algunas compañías grandes para que diseñen una serie de  pautas éticas de comportamiento, también en revistas y en escuelas.

Es importante la valoración y alcance de la filosofía no solo a través de su historia, sino de sus aportaciones, desde Imotethep a Confucio, desde Feresides a Chomsky, desde la escuela de Mileto a la de Frankfurt, desde los presocráticos a los estructuralistas. Además de ella nacieron algunas importantes ramas del conocimiento como las matemáticas, la física, la química, la psicología.

domingo, 24 de abril de 2011

"Somos parte de un sueño, perdidos en el deseo"



Esta cita la leí hace mucho tiempo en la pared de un baño, en una universidad  de México, (me he dado cuenta que aún el baño puede servir como  un espacio didáctico de aprendizaje donde se puede expresar la sabiduría anónima)

Si la cita se refiere a toda la humanidad como parte de un sueño que solo se estancó en el simple deseo inconsumado de aquél que nos ha soñado o deseado nuestra existencia. Pero quién nos ha soñado ¿el que duerme o el que verdaderamente está despierto como un ser divino? pero qué nivel de existencia hemos alcanzado ¿ onírica, platónica-ideal, abstracta, metafísica o real (si es que existe la realidad tal como la percibimos)

Pero la preocupación es que cuando despierte este ser divino, ¿nos desvaneceremos de la efímera existencia como una burbuja de jabón, o como una imagen que se oscurece cuando se apaga la televisión? aunque una creación consciente y determinada trasciende el simple deseo.

En segundo lugar si la cita se refiere a nuestro autodesarrollo, a nuestra autorrealización a lo que deseamos ser y tener a base de un proyecto de vida, pero que muchas veces no se logra por falta de determinación y perseverancia, así como cuando solamente soñamos y deseamos algo que nunca concretizamos quedándose esfumado en el limbo de las ideas; aunque el sueño haya sido noble, aunque el deseo haya sido esplendido y maravilloso como un ejemplo que cuenta Hermann Hesse en la novela de "Demian" "en la cual un joven se había enamorado de una estrella y deseaba tanto estar con ella, se lanzó a su alcance desde un acantilado y cuando estaba volando su deseo no fue muy fuerte y se cayó estrellándose en las rocas".

Cuando no se lucha,, cuando no se construye, cuando no se crea, cuando no se trabaja en ese sueño, todo se desvanece; porque no es la azúcar la que endulza el té, sino el acto de revolverla. Paulo Coelho en el "Alquimista" (como metáfora de la gran obra y a la transmutación integral del individuo), explica que el verdadero alquimista es aquél que se atreve a vivir su historia personal, aquello que en lo más profundo de nosotros mismos siempre deseamos hacer, pero a medida que va transcurriendo el tiempo, vamos hipotecando nuestro corazón, dejamos de creer en nuestros sueños...

Pero ciertamente, en algunos momentos de nuestra vida podremos decir que: "Somos parte de una realidad consciente, concretizada en los hechos"

sábado, 5 de marzo de 2011

ARISTÓTELES COMO PEDAGOGO


CHISTE: un maestro le dice a su alumno: jovencito a tu edad, Alejandro magno 
ya había conquistado el mundo. El alumno le responde:
Sí, pero tenía de maestro a Aristóteles.


Aristóteles ha sido un personaje sorprendente, por la gran cantidad de temas que investigó, temas que no solamente eran de carácter filosófico, sino que también fisiológicos, zoológicos, astronómicos, físicos, literarios, retóricos, psicológicos, teológicos, sexológicos, políticos y pedagógicos. Fue un verdadero amante del saber y coleccionista (le gustaban los catálogos) ¿Cómo es que tuvo tiempo para tantas cosas?

Se sabe que fue preceptor de Alejandro Magno, estudió filosofía y otras disciplinas en la academia de Platón donde tenía como condiscípulos a esclavos que más tarde, al graduarse, fueron liberados y se convirtieron en pedagogos.

Después de que Aristóteles había salido de la academia, Filipo, su amigo de la infancia, lo llama para que eduque a su hijo. Alejandrito Magno era un niño díscolo y problemático; ya había tenido varios maestros que no lo soportaron. Pero Aristóteles no solamente era un simple maestro, sino además, filósofo y pedagogo.

El problema educativo de Alejandro es que creía que era hijo de un dios (quizá Zeus) y creció con esa idea que le implantó su madre Olimpia, la cual era una mística; por lo tanto no podía aceptar ningún conocimiento, porque ya lo sabía todo.

Primeramente lo que hizo Aristóteles fue conocer al niño, sus creencias y sus actividades, involucrándose en los aspectos de la familia para poder realizar el diagnóstico adecuado y planear un método de enseñanza. Y para eso recurrió a Homero, Sócrates y Platón.

Aristóteles le dijo a Alejandro, de una manera irónica y retándolo: Tienes que hacer cosas para demostrar tu divinidad, además de que ya sepas todo, porque eres hijo de un dios, (sin destruirle esa creencia, sino reafirmándosela; además sonaba muy poético y platónico). Pero como encarnaste en humano estás limitado y no puedes recordar toda la omnisapiencia de los dioses. Esta es la enseñanza de la teoría del la anámnesis de Platón, porque él decía que provenimos de la divinidad, de un topos uranos en el mundo de las ideas y que en esa existencia vimos y supimos todas las cosas, pero cuando nacimos en un cuerpo físico, se nos olvidaron.

Primero recurrió a Homero, diciéndole que como dios que era, seguramente lo inspiró para que escribiera la Ilíada y la Odisea, (es en ese momento cuando empieza su verdadera vocación) y le dijo que como iba hacer hombre y dios al mismo tiempo, sus hazañas tendrían que ser más importantes que las de los protagonistas homéricos, pues como Aquiles conquistó Troya y era mortal, entonces como Alejandro era un dios tendría que llegar hasta el fin del mundo en sus conquistas y le explicó que dominaría, pero no matando gente como lo hacía su supuesto padre Filipo, sino con sabiduría,  bondad y grandeza moral, (Aristóteles hacia énfasis en la educación de la virtud)

Además, el estagirita le propuso que como ya sabia todo, él le iba a hacer las preguntas y Alejandro se las iba a responder, (es la aplicación de la mayéutica) de esa manera Alejandro comenzó a ser moldeado por las preguntas socráticas de su preceptor.

Como Alejandro se rendía culto así mismo y oficiaba como sacerdote y se ofrecía incienso que le compraba su mamá; Aristóteles le comentó que ese bálsamo e incienso venían de Persia y de Arabia y que si quería conquistar esos reinos tendría que estudiar toda su cultura, de esa manera es como lo guió y lo condujo, “pues eso es la pedagogía”, nunca le enseñó nada, pero analizó bien el problema que enfrentaba para darle una educación personalizada, sus creencias, valores, actitudes, aptitudes y su diferencia individual.

La educación intelectual en Aristóteles era evidente (condenaba el trabajo manual y las artes mecánicas) y así es como formó a Alejandro como un hombre culto, es por esa razón que 327 ciudades llevaron su nombre.

Aristóteles le decía: si eres dios vas a hacer esto y aquello, aprenderás estas cosas, vas a conquistar el mundo. De esa manera desarrolló su potencial latente por medio de la educación, el conocimiento y la virtud, fue una mayéutica pedagógica que no solamente dio luz a ideas, sino a un hombre idealizado con un proyecto de vida que supo alcanzar su verdadera vocación.

jueves, 16 de diciembre de 2010

DEL AUTOCONOCIMIENTO



Filósofo mirándose a un espejo
(De Velázquez)

¿Es requerida la voluntad, conciencia, trascendencia; el esfuerzo, análisis de uno mismo y de todo lo que nos rodea para que surja en nosotros la posibilidad del autoconocimiento?

¿Hemos reflexionando sobre nuestra personalidad, capacidad, carácter, inteligencia, dones, talentos, fortalezas, debilidades; nuestra forma de aprender y de percibir el mundo. De todo lo que nos ha sido dado y lo que hemos logrado a base de esfuerzo, desarrollo, paciencia y longanimidad; fortaleciendo nuestro temperamento, habilidades y lazos sociales como un autoconocimiento procesual?

¿Cómo se logra el verdadero autoconocimiento, cómo nos conoceremos a nosotros mismos, cuándo nos observaremos en el espejo de nuestra alma; cuándo conoceremos como somos conocidos. Solo con mirarnos con atención a un espejo, con saber quiénes somos y qué queremos lograr para ubicar nuestro lugar en el universo?

¿Lograremos una verdadera identidad. El Gnote seauton “conócete a ti mismo” es un precepto Délfico llevado a cabo solo por filósofos antiguos o es una meta para todos? A pesar de que este autoconocimiento era de importancia para Heráclito Tales de Mileto, Sócrates y otros pensadores antiguos. ¿Cómo asumimos la angustia y el predicamento de ser nosotros mismos y de transformar nuestra esencia?

¿Hemos escrito nuestra etopeya o hagiografía, nuestro retrato, nuestra biografía, nuestro epitafio; nuestros actos heroicos, nuestros errores, nuestras idiosincrasias y nuestros roles que interpretamos en la vida; para reinventarnos y lograr un acercamiento más profundo hacia nosotros?

En primer lugar ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos: a nuestra imagen y representación del autorretrato que manifestamos en la existencia? ¿Cómo nos autoconceptualizamos en la descripción del relato de nuestras vidas? (Con toda la yoidad: desde el yo percibido, real e ideal que tiende al yo profundo)

¿Cuándo encontraremos nuestro “Rostro verdadero”? ése que no solamente alude a un reflejo visual externo del yo empírico, sino al centelleo de la profundidad del alma que dá origen  a una transformación ontológica, la cual permite ver más allá de la expresión facial que refleja la evidente apariencia visual. Ése que proyecta toda la expresión del ser  que es nuestro “genuino semblante” de la imagen que intencionalmente buscamos y desarrollamos a lo largo de nuestras vidas, como la del filosofo que se observa al espejo y que indaga la esencia de su ser en el “espejo de los espejos” (Speculum Speculorum) en el reflejo de sí mismo, de la vida y del mundo.

¿Verá en enigma como espejo, estará opacado su reflejo por la miope visión de su limitado razonamiento o acaso ha descubierto claridad y transparencia en su genuino rostro, un rostro perfilado por la vida, las experiencias y la adversidad de los que sufren, las alegrías de los que conocen y saben que ese es su tesoro, un tesoro metafísico que se llevará a la tumba con todo su aprendizaje, su personalidad, talento y atributos. Será su imagen la de un antiguo sabio de lenguas barbas níveas que simbolizan sabiduría con marcas y cicatrices que dan testimonio que realmente ha vivido, con arrugas serpenteantes que se expanden como marcas del tiempo, pero con una mirada vivificante que se dá cuenta que no ha vivido en vano, que sabe que ha sido “el arquitecto de su destino”, como decía Amado Nervo o será el rostro de un hombre íntegro como el que buscaba Diógenes con una linterna a pleno medio día.

Pero como encontraremos el rostro verdadero, ése que han encontrado algunos iniciados en los misterios de uno mismo. El semblante que nos distinguirá como seres humanos completos, coherentes con nuestras conductas, tendencias, con lo que sentimos, hacemos, pensamos y decimos. ¿Cuándo tomaremos conciencia que somos seres en el mundo, únicos e irrepetibles con experiencias extraordinarias, portentosas y a la vez comunes?

¿Acaso busca interpretar la realidad y distinguir la apariencia de lo banal y superfluo para realizar con eficacia nuestro cometido? Toda nuestra yoidad exterior como nuestra genealogía, el origen de los apellidos del nombre, la historia del país, de la ciudad o lugar de nacimiento, del mundo o del universo (aunque una vida no fuera suficiente) si la vida no alcanza para estas cosas, que es lo mejor que debemos hacer, cual es el propósito fundamental de elegir entre lo que es efímero y lo que perdura. Hay quienes realizan obras sisifescas, que gastan su dinero en lo que no tiene valor y se esfuerzan en trabajos que no satisfacen ¿Cuándo gozaremos de la obra de nuestras manos?

¿Cómo descubriremos el verdadero sentido y significado de nuestras vidas, el objetivo de la verdadera vocación. Es acaso algo tan subjetivo o es que los dioses escondieron el verdadero propósito de nuestra felicidad en nuestro lado más interior.

Tratar de entender todo lo que somos y queremos ser, todo lo que nos rodea, de una manera holística, motivante y sincera ¿Serán estas opciones banales y ociosas, habrá algo más importante y trascendente que estos caminos epistemológicos de la verdadera ontología personal? ¿Tal vez cuando nos entendamos a nosotros mismos, entenderemos todas las cosas?

Quizá al final de nuestra senectud alzaremos un espejo, con una mano temblorosa, hacia nuestro rostro, como el último acto dramático, para ver toda nuestra vida y en que  nos hemos convertido y veremos el rostro verdadero que ha roto mascaras jánicas.

jueves, 11 de noviembre de 2010

EL JINETE PERDIDO (una reivindicación del yo)

 
“Hay quienes gustan perderse a sí mismos y en ése camino se encuentran”

El estar y ser en el mundo es una existencia compleja en todas las posibilidades, en toda la voluntad y las decisiones. La dificultad de la existencia sin brújulas, sin mapas que guíen realmente hacia un lugar más excelente, resulta aplastante como una amarga incertidumbre.

¿De qué mano sostenerse? Si los caminos son muchos y ambiguos, cuando se anda a la deriva y se arriba en puertos extraños. ¿Quiénes fueron puestos en el mundo, traídos al mundo, echados al mundo; pero cómo actuar en el mundo de la mejor manera, cómo construirnos a nosotros mismos. Hay seres que por mil circunstancias pierden o creen perder su lugar en el mundo; ¿acaso los suicidas, los alcohólicos, los vagabundos u otros seres existenciales de la antropología dramática?

Hay otros que desvían su camino, dentro de otros caminos, caminos extraños, tortuosos bifurcados, con seudo filosofías personales y subterráneas. ¿Pero cómo saber cuál es el verdadero camino, el más recto, el más excelente? camino que no siguieron los antihéroes, los malos estudiantes, los que derrochan si tiempo en las vanidades de este mundo.

Hay gente superflua, banal, sin esencia, ni substancia; otros que son sabios, eruditos o doctos a su propio criterio y algunos como dijo Lehi: “son como los hambrientos que sueñan y durmiendo comen, mas despiertan, pero su alma está vacía”

Como la pintura reveladora de René Magrite, “el jinete perdido” que no encuentra su rumbo, que galopa sin cesar, sin un camino que lo lleve a donde realmente quiere llegar y establecerse o llegar a ser, sin una dirección porque se ha extraviado o complejamente anda buscando su camino en la vida,

Cuando nos veremos cabalgando a nosotros mismos de frente, cuando nos encontraremos con nuestro yo profundo como los “arqueros que buscan el blanco de sus vidas”, parafraseando a Aristóteles.

Cuando nos hemos sentido extraviados galopando sin rumbo fijo sin encontrar veredas, caminando por laberintos inacabables yendo de un camino a otro sin encontrarnos en el verdadero sendero, navegando a la deriva sin brújula que nos guie, sin anclas, vacíos, sin sentido, viajando por este mundo, solos, tristes, enfermos, en el camino de la adversidad, soportando las consecuencias de nuestros propios errores, soportando las inclemencias y la hostilidad de este mundo y todo lo que abarca, marginados existencialmente.

Así nos perdemos de muchas formas, pero es necesario perderse para volver a encontrarse y cuando se haya el sentido y significado de la vida nos volvemos a encontrar, somos un acertijo simbólico, a veces no resuelto, cuando resolvamos el enigma de nosotros mismos nos veremos galopando de frente hacia nosotros mismos dentro del camino verdadero y sabremos que no venimos de la nada ni que vamos hacia la nada, desnublando el sin sentido del nihilismo recalcitrante.





martes, 26 de octubre de 2010

ASÍ HABLABA ZARATUSTRA


 
Hace muchos años leí el libro: “Así hablaba Zaratustra” de Niesztche (un libro para todos y para ninguno, según el autor) Me gustó el episodio cuando a Zaratustra le pica una serpiente, pero Zaratustra hablándole a la sierpe le devuelve su veneno diciéndole que no era digno de él. Zaratustra no puede aceptar ningún veneno porque el veneno contamina el alma, cuando alguien habla mal de nosotros no aceptamos su veneno.

Quiero hacer una interpretación muy subjetiva, tal vez signifique otra cosa seguramente.
Actualmente soñé algo relacionado con el protagonista de este libro. “Zaratustra bajó de la montaña y la gente le decía: es un tonto, otros decían, es un sabio y otros, es un loco. Zaratustra no sabía qué hacer y subió por la montaña y siguió meditando”.

Zaratustra, una vez más, no acepta el veneno o elogios e improperios de víboras humanas.

Lo que no sé es que si este pasaje de mi sueño fue apegado a la realidad o inventado en mi subconsciente. Sin embargo, no he podido verificarlo, puesto que este libro se extravió de mi biblioteca como muchos otros que se han vuelto deleznables.

Zaratustra es un loco, un profeta, un sabio, un santo o un filósofo, quizá tenga alguna o ninguna de estas cosas, en necesario averiguarlo.

Me han sucedido casos extraños, de cosas que leo, veo o vivo y después las sueño o también cosas que estudio y me acuerdo de eso en mis sueños; o de cosas con las que me obsesiono. Todo eso lo he registrado en “el diario de mis sueños”: como algunas palabras oníricas que son neologismos sin fundamente etimológico, solo sé lo que significan intuitivamente. Algunos animales naferónidos. Sueños premonitorios (muy pocos quizá dos en toda mi vida). Poemas escurridizos y otras escenas debrayadas, bizarras y surrealistas.

Yo también soñé serpientes, cientos de serpientes  (serpientes quizá humanas) que me lanzaron su veneno, pero ninguna me mordió, ninguna me mordió, solamente escupieron su veneno desde el fondo de su alma, pero como Zaratustra no acepté su veneno y me fui de ese contexto.

martes, 5 de octubre de 2010

LOS OBJETOS IMPOSIBLES COMO UNA INTUICIÓN PARA EL CONOCIMIENTO


LOS OBJETOS IMPOSIBLES COMO UNA INTUICIÓN PARA EL CONOCIMIENTO
 
 
Tanto los inventos, como las creaciones son actividades discursivas que, en ocasiones, provocan dolor de cabeza. Igualmente cuando nos enfrentamos a problemas de todo tipo: matemáticos, lógicos, éticos-filosóficos, existenciales, simbólicos o  complejamente prácticos. Surge en nuestra mente (o en las mentes de algunos intuitivos) unas figuras extravagantes, unos “objetos imposibles” que simbolizan el problema al que nos estamos enfrentando específicamente en ese aquí y ahora, con una dificultad mental que limita la respuesta, a la solución; es una aporía una visión mental y fantasmagórica geométrica no euclídica.

Pero cuando damos con la solución, cuando encontramos la respuesta y gritamos ¡eureka! (como Arquímedes); este objeto imposible -que se interpone entre nosotros y la solución- se desvanece de nuestra mente como una burbuja de jabón, como una puerta que abrimos con la llave de nuestra inteligencia, de nuestra constancia, experiencia, perseverancia e intuición. Nos cede el paso y experimentamos una atorrealización, como cuando se logra una vocación, (un amor a la vida) y a ese algo que queremos alcanzar o llegar a ser.

Sin embargo, estas figuras escherianas y paradójicas, no solamente son una oposición y un dolor de cabeza, sino también son una revelación, una intuición y un problema que también lleva a la solución; que nos invitan a la reflexión, a la meditación, por esa razón el filósofo Isósceles (¿alguien lo ha leído?) discurría mucho sobre sus formas y su existencia hipotética de estos entes poliédricos.

Al igual que Isósceles, muchos hombres que han entrado al círculum de la historia los han intuido en sus mentes como un insight; y a la vez han sido iluminados por ellos como una luz de Dios, Verbigracia: En los Upanisads cuando descubrieron el “Om” se desvanecieron en el cielo una gran multitud de estas figuras. Lao Tsé cuando pensó en el Tao y en el ying yang. Buda, antes de lograr la iluminación. Platón los vio en el mundo de las ideas y experimentó la anamnesis, Arquímedes en su bañera, Newton sentado en el árbol de manzanas y el golpe de la poma le despejó la visión, Einstein -mientras iba montado en un rayo por el universo- los vio flotar, aparecer y desaparecer. Stephen Hawking observó que eran los únicos entes que podían escapar de los agujeros negros.

Como muchos o como pocos, debemos intuirlos, experimentarlos, objetivarlos en noemas para pensar en noesis y lograr expandir nuestro ser y nuestro entendimiento atravesando dificultades del existir.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

LA OPOSICIÓN EN LEHI Y HERÁCLITO

LA OPOSICIÓN EN LEHI Y HERÁCLITO 


                En este mundo existe la oposición. Ésa que es la otra cara de la moneda, que nos enseña su rostro más de una vez y nos dice que es omnipresente. Tanto Lehi como Heráclito coincidieron en sus reflexiones sobre la oposición y la función que ésta tiene en el mundo y en el drama humano. Si los presocráticos buscaron el origen físico del mundo; la preocupación de Lehi y Heráclito fue distinta porque ellos examinaban lo que dá unidad al mundo, movimiento, cohesión y sentido. (Si no existiera la OPOSICIÓN todo se desvanecería) 

En Heráclito (El oscuro) la oposición es más filosófica y aforística. Dice que el cambio, el movimiento, la lucha, la tensión de contrarios dá origen a todo lo que existe y es un principio fundamental y dialéctico que rige el mundo. 

“Donde los opuestos son la misma cosa, uno sólo y se mantienen unidos por la tensión y la lucha; como una cosa única es el bien y el mal que son opuestos; así como Dionicio (Vida) y Hades (muerte) son en realidad la misma cosa.” El bien y el mal en su lucha ¿A qué dá origen? ¿a la vida o a la muerte? Y cuando dejen de lidiar, se desunirán; separándose de sus polos, perdiéndose en la oscuridad de la no-existencia. 

Todos los contrarios deben permanecer unidos por la lid defendiendo su posición, su identidad, su esencia. El Ying peleando contra el Yang, siguen un curso sempiterno girando en oposición por todo el universo. Lo masculino necesita de lo femenino para dar vida; así como lo rígido requiere de lo blando para tener flexibilidad. 

En Lehi (quijada) la oposición es más teológica y maniquea. Menciona que: “Es preciso que haya una oposición en todas las cosas pues de otro modo... no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal. De modo que todas las cosas serían un solo conjunto, por tanto, si fuera un solo cuerpo, habría de permanecer como muerto, no teniendo ni vida ni muerte, ni corrupción ni incorrupción, ni felicidad ni miseria... por tanto tendría que haber sido creado en vano... Esto habría destruido la sabiduría de Dios y sus eternos designios... Y si no hay rectitud ni felicidad, tampoco hay castigo ni miseria. Y si estas cosas no existen, Dios no existe. Y si no hay Dios nosotros no existimos, ni la tierra...” 

A través de la oposición tomamos decisiones que nos sitúan en los opuestos y sus contrarios y se ejerce la libre elección. Hay caminos que nos llevan a la felicidad y la miseria. No es simplemente mostrar una buena conducta y ser obediente. Si uno mismo se opone a la rectitud se está en la miseria, pero es menester que experimentemos algunas cosas, que estemos atrapados en algunas circunstancias para tener conocimiento y saber apreciar y despreciar, porque si no conociéramos la tristeza, no sabríamos que es la felicidad, si no estuviéramos enfermos no apreciaríamos la salud y la vida. 

Entonces toda posición tiene una oposición y forman un solo conjunto. Es un principio universal porque si solamente existiera lo bueno, lo saludable, lo dulce, lo blanco, lo bello y la felicidad. Ésto sería un solo conjunto, un solo polo y lado, donde no se podría actuar, ni elegir, no tendríamos tendencias hacia una u otra cosa, todo estaría muerto existencialmente y no habría ningún objetivo en lo creado.

Por tal razón la oposición no es la adversidad, ni la maldad, ni la bondad; más bien es un mediador epistemológico y metafísico que nos demuestra conocimientos empírico-axiológico, es un lado que puede estar en ambos lados, tanto arriba como abajo, a la izquierda como a la derecha, en lo oscuro y en lo claro; pero cuando actuamos y tomamos decisiones se sitúa en el punto medio y nos demuestra el lado oscuro y contrario de todos los entes dependiendo del lugar o del polo donde estemos fundamentados. 

Tanto el bien se opone al mal, como el mal al bien. A lo fuerte se le opone lo débil, a la salud la enfermedad, al conocimiento la ignorancia. ¿Quién no ha sufrido oposición en sus vidas?: Ese cansancio, esa hambre, esas pesadillas, esas derrotas y tormentas. El miedo que nos abruma y nos envuelve con su nube negra. Esa enfermedad que nos aqueja, que nos hace apreciar la salud; esa fealdad que nos hace distinguir la belleza, esa intranquilidad e incertidumbre que nos hace apreciar la paz mental y la ataraxia cristiana.

Sin embargo, toda oposición tiene un propósito muy profundo, desde ese mosquito que nos pica, hasta esas moscas escatológicas, los blátidos execrables, dípteros y alimañas ponzoñosas. La decrepitud y podredumbre; los antónimos, antípodas y antihéroes tienen razón de ser y de coexistir en el mundo. 

Este es el sentido de la oposición en Lehi y Heráclito uno teológico y otro filosófico, pero ambos llevan a la unidad de las cosas. Y como dijo un aprendiz de filosofo: “Debemos tomar con más seriedad la sabiduría hebrea” porque Lehi es un Israelita, no muy conocido en el mundo filosófico.